LA CRISIS POLÍTICA DE 1808 A DEBATE EN EL INEHRM

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Secretaría de Cultura | 05 de agosto de 2025 | Comunicado

  • Evidenció el problema de autoridad en Nueva España y la divisióde opiniones sobre si ante la falta del monarca, la soberanía volvía al pueblo
  • El llamado autonomista del Ayuntamiento de México derivó en un golpe de Estadoy el apresamiento de sus adeptos

En el 217 aniversario del intento autonomista criollo del Ayuntamiento de México se impone la revisión crítica del episodio histórico para desentrañar sus claves, con ese motivo el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, dependencia de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, invita a la conferencia El ayuntamiento de México: autonomía o independencia, impartida por la historiadora especialista Cristina Gómez Álvarez.

La disertación de la autora de El alto clero poblano y la Revolución de Independencia, 1808-1821, se llevará a cabo en la sede del instituto (Plaza del Carmen 27, San Ángel, CP. 01000, alcaldía Álvaro Obregón), además podrá seguirse la transmisión en directo por Facebook (/inehrm.fanpage) y You Tube (Canal INEHRM), el jueves 7 de agosto a las 17 horas.

La historiadora Gómez Álvarez en 1995 obtuvo el premio Marcos y Celia Maus, a la mejor tesis de doctorado en Historia otorgado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y, en 2012, la mención honorífica en el Premio Antonio García Cubas otorgado por el INAH por su libro Navegar con libros. El comercio de libros entre España y Nueva España, 1850-1820. Fue responsable del posgrado de Historia de la UNAM y directora del Museo Nacional de Historia (Castillo de Chapultepec). Actualmente participa en el programa de opinión Masiosare de Canal Once.

La crisis política de 1808 en el virreinato de Nueva España, a raíz del colapso del Imperio español por la invasión napoleónica y la abdicación de los reyes, devino en movimientos juntistas y autonomistas en España peninsular y en América bajo el argumento que, ante la falta del monarca, la soberanía volvía al pueblo.

En Nueva España se desarrolló un proyecto político autonomista cuya propuesta fue el autogobierno y la formación de un Congreso Americano depositario de la soberanía. Sin embargo, no planteó una ruptura total con la metrópoli.

El 9 de agosto de 1808 se convocó a una Junta General de Autoridades de Nueva España y del Ayuntamiento de México, para resolver la postura virreinal ante la invasión napoleónica y la abdicación del rey Fernando VII.

Gobierno autónomo novohispano

En la polémica, Francisco Primo de Verdad y Juan Francisco Azcárate propusieron que, en ausencia del Rey, la preservación de la soberanía mediante el ejercicio del poder político a través de las autoridades legítimamente constituidas, es decir, de los ayuntamientos como fuente originaria de la soberanía popular.

El virrey novohispano José de Iturrigaray simpatizó con la iniciativa del Ayuntamiento de formar un gobierno autónomo que se rigiera por una junta integrada por miembros de las instituciones existentes. Sin embargo, la Audiencia se opuso rotundamente a formar esa junta y se organizó con los comerciantes del Consulado de la ciudad de México para dar un golpe de Estado

El movimiento autonomista en Nueva España no prosperó y fue sofocado en septiembre de 1808, pero algunos grupos de la sociedad novohispana comenzaron a conspirar y organizarse en contra de la metrópoli y del gobierno virreinal.

La especialista Gómez Álvarez ha insistido en la campaña virreinal de apoyo al rechazo de la propuesta autonomista, por ejemplo, el edicto del tribunal del Santo Oficio publicado el 27 de agosto de 1808 donde se ordenaba a los habitantes novohispanos mantenerse leales y fieles a Fernando VII y se prohibían “todos y cualesquiera libros y papeles y de cualquier doctrina que influya o coopera de cualquier modo con la independencia e insubordinación de las legítimas potestades”.

En lugar de solucionar el problema de autoridad en Nueva España, el cruel derrocamiento de Iturrigaray exacerbó las divisiones en el virreinato. Se radicalizaron las posturas defendidas por el Ayuntamiento y la Audiencia, cuyos seguidores, desde entonces, se distinguieron por los nombres americano o criollo de los europeos o peninsulares, lo cual definió dos actitudes políticas. Poco a poco, la toma de partido se tornó irreconciliable entre los considerados enemigos del régimen colonial y sus defensores.

La profesora del posgrado de historia en la UNAM concluye que la derrota del proyecto autonomista “abrió paso a la revolución popular que desde abajo y a través de la insurrección desarrolló un proyecto político que buscaba la independencia y realizar profundas transformaciones políticas y sociales”.

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