Un Girasol contra el Mundo: Van Gogh ilumina la Noche de Museos en la oferta cultural del Senado de la República

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Número – 1573

  • El galardonado actor Mario Iván Martínez interpreta pasajes de la vida del aclamado posimpresionista neerlandés.

Este miércoles de Noche de Museos, el Senado de la República ofreció una destacable puesta escénica a cargo del galardonado actor Mario Iván Martínez, quien interpretó para más de 150 personas a un artista que en vida “hizo pinturas para gente que aún no nacía”: el aclamado posimpresionista Vincent van Gogh.

 

El auditorio Sebastián Lerdo de Tejada, de la calle Donceles, número 14, fue en esta ocasión el escenario para Van Gogh: Un Girasol contra el Mundo, obra escrita y actuada por el ganador del Premio Ariel a Mejor Actor por la película Como Agua para Chocolate (1992), cuyos dotes escénicos no mermaron en esta presentación gratuita.

 

Una silla, un escritorio, un perchero, un par de biombos y, por supuesto, un caballete, fueron los sencillos elementos que Mario Iván Martínez empleó para compartir con el público pasajes de la vida del pintor neerlandés, artista de carácter complicado, mente atormentada y amores difíciles, pero empeñado en retratar la realidad “tal como es” y en capturar el color del mundo.

 

En el Hospital de Saint Paul de Mausole, al sur de Francia, la audiencia conoció a un Van Gogh en sus últimos días, quien narra que fue una persona que fracasó como predicador, pues sus “sermones pasionales vaciaban la iglesia” y como vendedor de arte se peleaba con quienes buscaban “obras mediocres”.

 

Más adelante, Mario Iván Martínez, con barba y cabello rojizos, ataviado de camisa blanca, tirantes, pantalón caqui y sombrero de paja -imagen con la que se ha identificado por generaciones a Van Gogh-, también recuerda que el pintor fue un “cero” para su padre, y que de pequeño, en sus cumpleaños, sólo lo llevaban al panteón a colocar flores para su difunto hermano, cuya fecha de fallecimiento coincidió con la del nacimiento de Vincent.

 

Esas y otras memorias del artista estuvieron acompañadas en el escenario con luces de diversos colores y proyecciones de fondo de sus bellísimas obras, retrato de un hombre que, pese a las adversidades narradas y en gran medida a la obsesión, dejó un catálogo pictórico invaluable.

 

Esos elementos visuales sirvieron al actor invitado para también compartir pasajes de personas que convivieron en su tiempo con el creador de La Noche Estrellada y El Cuarto en Arles:

 

Clasina María Hoornik, prostituta, amante y modelo de Van Gogh; Paul Gauguin, pintor al que Vincent admiraba y con el que tuvo una complicada amistad; y Theodorus, hermano preocupado y mecenas del pintor neerlandés. Todos ellos, traídos al escenario a través de la voz y la prodigiosa actuación de Iván Martínez.

 

El acompañamiento de melodías románticas de piano impregnó al auditorio de la atmósfera de la época en la que vivió el pintor, en esta puesta en escena que tuvo una duración de 90 minutos.

 

Ese mismo recurso sonoro anunció su trágico final, sin un actor en el escenario, pero que todos en el auditorio sospecharon: el estruendo de un balazo -luces moradas, el cuadro de Trigal de Cuervos al fondo-, anunció que Vincent van Gogh (1853-1890) dejó este mundo.

 

Tras semejante impresión en el público, Mario Iván Martínez colocó una silla y una mesa en el escenario. Mientras se deshacía de su atuendo y maquillaje, explicó algo que convenció como final de esta obra: “la normalidad es un camino pavimentado, pero en caminos pavimentados nunca nacen flores”.

 

Sin embargo, el verdadero y sorpresivo epílogo de Van Gogh: Un Girasol contra el Mundo, vino con la posterior escenificación de una imaginaria subasta del cuadro Los Girasoles, donde la puja del público, también imaginaria, llegó hasta 22 millones de libras… Vincent vendió sólo un cuadro en diez años; también hizo pinturas para gente que aún no nacía.